Los Pilares de la Vida

sábado, 28 de marzo de 2009

Al fin y al cabo la vida son tres pilares: familia, trabajo y aficiones. Y no hay más. Luego cada uno vierte en ellos la proporción de tiempo y dedicación que quiere. Hay quienes deciden otorgarle a la vida sólo tiempo para el trabajo y la familia, por ejemplo. Hay otros que prefieren dedicarle tiempo al trabajo y las aficiones. Hay muchos tipos, desde luego, e incluso esas proporciones cambian a lo largo de la vida. Pero creo que es importante pensar en esto para que luego la vida no nos de sorpresas, que es muy aficionada ella a esas cosas.

Dentro del apartado aficiones están, entre muchas otras, los amigos. Tener amigos es una afición más: hay que dedicarles tiempo, cariño, esfuerzo y aprender a conservarlos durante mucho tiempo. Es frecuente quienes entre tanto ajetreo en la vida deciden que los amigos se tienen cuando uno es joven. Que más adelante todos sobran, ya hay otros pilares sobre los que sostenerse. Craso error. Más si se sabe que los amigos, como los buenos vinos, se vuelven más apetecibles cuando envejecen. No voy a ensalzar ahora todo lo positivo que tiene estar rodeado de buenos amigos, eso ya lo saben ustedes. Pero sí quiero que piensen esos tres pilares, en esas tres proporciones a lo largo de la vida, y en el lugar de los amigos en ese apartado de aficiones.

Yo, que gané algunos y perdí otros, nunca pensé en estas cosas que hoy escribo. Pero los amigos están ahí acompañándote perennes en el viaje de la vida, agazapados tras las cortinas del tiempo y la distancia, preparados para salir a tu encuentro cuando, queriendo o sin quererlo, les pidas auxilio a gritos. Porque uno se mete en la dinámica de los días y los años, de tener hijos, de ascensos en el trabajo, de los partidos de fútbol del fin de semana y se olvida de aquellos que están viviendo, a la vez que él, el mismo día a día y el mismo círculo vicioso de la vida. Por eso creo que son tres pilares que hay que organizar adecuadamente, equilibrándolos todos para una vida plena. Respeto opiniones y puntos de vista, pero creo que es de ley devolverles hoy lo que un día ellos me dieron a mí. Así que esta noche, queridos todos, brindaré por nuestra a amistad, porque creo que el tiempo que hemos estado juntos durante tantos años, nunca será tiempo perdido.

El arte y las Bellas Artes

domingo, 15 de marzo de 2009

Es lo que tienen los genios, que sueles estar de acuerdo con ellos hasta que un buen día dejas de comprenderlos. Algo parecido me ha pasado a mí con José Tomás. Hace tiempo escribí en otros lares un artículo donde le elogiaba ampliamente, maravillado por unas maneras que, pensé, debían ser fiel reflejo de una forma de ser. Como ustedes bien saben, la semana pasada leíamos que Paco Camino y José Tomás devolvían conjuntamente sus respectivas Medallas de Bellas Artes porque, a su juicio, se había hecho una injusticia otorgándosela a Rivera Ordoñez.

Lejos de opinar sobre si dársela a Francisco Rivera está bien o mal, lo de José Tomás me ha dado para mucho pensar. Uno tiene sus formas de manifestarse y, lo que es más importante, tiene el derecho a manifestar opiniones pero, pensar que un título no es digno de uno mismo creo que es sacar los pies del tiesto. Porque uno puede indignarse, molestarse e incluso criticar a alguien por hacer algo. Pero lo de José Tomás es una falta de compañerismo y caballerosidad que sinceramente no me esperaba.

Vale que no esté bien visto el corporativismo que se practica a diario en otros gremios. Pero en el mundo del arte, donde considero que corresponde estar al mundo del toreo, el respeto y la capacidad de apreciar el trabajo de otros compañeros debería ser el uso y la norma. Porque a Rivera Ordoñez yo también lo vi aquella tarde en Almería, delante de ese 6º toro, cuando tuvo que entrar a matar 12 veces, 12, antes de acertarle un bajonazo que le permitió irse a casa sin bajarse los pantalones. Pero también es cierto que durante su carrera, a pesar de su escandalosa vida pública, en los ruedos se ha dedicado a callar la boca y ponerse delante del toro, que creo que son los dos primeros requisitos que ha de cumplir un buen torero.

Pero me prometí que este no iba a ser un artículo de toros. Porque la enseñanza que saco de todo esto es que la humildad es el galón más importante que uno puedo colgarse en la solapa. Y que los artistas, como las personas, merecen el respeto y la generosidad de sus compañeros, porque, al fin y al cabo, todos estamos algún día en el ojo del huracán.