martes, 5 de mayo de 2009
Olvídate de ellos, Juanma. Ojalá la vida no fuera tan injusta, y tú, con tu orgullo de hombre bueno, pudieras devolverle ese dinero a quienes no quisieron dártelo. Pero resulta que aquí abajo, en el mundo real, sólo conseguirías hacerles felices a ellos. Por eso has de tragar. Consentir y sumar. Porque como dicen unos amigos que yo tengo: metro andao es metro ganao. Porque tu fin es muchísimo más hermoso y grande que el de cualquiera de esos miserables. Porque la vida, a pesar de todo, es la historia más hermosa jamás contada.
Y es que la vida es eso, Juanma. La vida es el esfuerzo, y el sacrificio. La vida es saltar muros y la lucha ciega del día a día; porque la personalidad, al fin y al cabo, es la manera que tiene cada uno de estrellarse contra el mundo. Por eso hoy todos somos un poco más tú. Porque sabemos lo que significa para ti tener que ir a rogar lo que ya es tuyo. Cinco mil cochinos euros, Juanma. Calderilla para ellos. Te juro que algún día tú y yo nos reiremos de todo esto.
Pero no te creas que esto convierte a uno en miserable. Muy al contrario, todo esto te honra. Porque ese gesto representa el injusto mundo en que vivimos. Así que seguid luchando, a vosotros aún os queda la esperanza. Porque habéis demostrado que no tener coraje es infinitamente peor que no tener dinero. Y por eso os merecéis todo mi respeto. Tú, y las lágrimas de rabia de tu madre recogiendo la miseria de los poderosos. Algún día, pensaría ella, algún día, toda esta maldita mierda habrá valido la pena.
Y yo hoy estoy seguro de ello.

