martes, 21 de abril de 2009
Sólo queremos la perfección. Aunque sea a través de la muerte. Descartamos individuos imperfectos, no preparados. Los niños sólo valen para darnos alegrías, no para machacarnos la vida. Está a nuestra disposición descartar las desgracias de la vida y aceptar los regalos del cielo mediante una criba espartana. Es tan sencillo ser Dios.
El sueño de Gattaca se hace realidad. La búsqueda de la perfección, de la superación de enfermedades, la felicidad a costa de ningunear a la tristeza. Es sencillísimo hacer de lo inmoral lo natural. La sociedad, por los siglos, evoluciona, ha de hacerlo, descontrolada. Hay que dirigirla. Las ganas de hacer algo no son razón de peso para legalizarlo. La vía de escape, la salida fácil, no siempre ha de ser la vía correcta. Sí sin embargo regular las mujeres que, violadas hasta el alma, deciden que el futuro no es capricho de uno solo.
Sean 22 semanas, 32 ó 10, una vida es una vida, venga como el destino quiera que venga al mundo. Porque el mundo y la vida sólo se hicieron para los valientes. Los cobardes, los que se amparan en cuatro leyes para seguir viviendo su vida de sueño no merecen ese privilegio. Sí sin embargo los que, sin rechistar en exceso, aceptan el ciclo de la vida con su caprichoso azar. Lo siento pero creo que apoyar el aborto no es ser ni progresista ni de izquierdas. Para mí, es simple y llanamente estar en contra de la vida.

