domingo, 15 de febrero de 2009
Roma es inmensa, preciosa y eterna. Pero también es vieja, ruinosa y, tal vez por eso, preciosa. Al fin y al cabo conserva esa belleza inmaculada que mantienen las ruinas tanto tiempo, a pesar de estar incompletas, despedazadas, melladas y arrebatadas de todo su esplendor. Roma se resume a la perfección en esas restos que, después de todo, se conservan erguidos y orgullosos. En ese curioso aspecto de dignidad que conservan, alzándose hacia el cielo, para siempre algunas ruinas.



