martes, 16 de diciembre de 2008
Todo empezó, creo recordar, cuando el gran Wyoming y el equipo de CQC nos trajeron a España el revolucionario método por el cual los reporteros que estaban a pie de calle se convertían en co-protagonistas de los reportajes. Daba igual quién fuera el entrevistado o a qué fiesta, reunión, gala o celebración acudiera el reportero. Lo importante era que él estaba ahí y que nos iba a hacer reír. Recuerdo a Tonino, a Pablo Carbonell o a Juanjo de la Iglesia, entre otros. Recuerdo el "Curso de ética periodística" y cómo no, las gafas de sol que les entregaron al propio rey. Yo y media España nos partíamos de risa con las ocurrencias de los reporteros y con la cara que ponía algún político ante determinadas preguntas espinosas.
Luego la cosa fue degenerando poco a poco hasta los límites en que hoy nos encontramos. Digo límite porque espero que esto sea algún tipo de límite. Porque se me cae la cara de vergüenza cada vez que veo a Rajoy siguiendole el juego a cualquiera de nuestros reporteros dicharacheros. Porque una cosa es que se trate bien a la prensa, que al político le compense tener "buen rollo" con determinados programas que los pueden poner a caldo... En fin, muchas y probablemente buenas razones para seguirle la corriente a El Follonero, a Pilar Rubio o a Juanra Bonet. Pero otra cosa bien distinta es que se le dedique el mismo trato a José Montilla que a Mariñas. Lo siento pero creo que eso no hay por donde cogerlo. Y que conste que la culpa no es de los reporteros. A ellos al fin y al cabo les ofrecieron un puesto de trabajo cuando nadie les conocía y qué iban a decir. Que si hay que bajarse los pantalones nos los bajamos y listo.
Pero hoy vengo a escribir esto porque por fin he visto a alguien capaz de decir lo que todos piensan y nadie se atreve. Después de que el Presidente del Gobierno, ministros de toda clase y condición, actores, periodistas de mayor o menor renombre, e incluso Baltasar Garzón hayan aguantado con la risita incómoda los comentarios ocurrentes de los de la alcachofa, un hombre se ha rebelado. Y, aunque no sea meritorio porque probablemente no consiga nada con su acto, ya era hora de que alguien lo hiciera. Ya era hora de que alguien les dijera a la cara que se pasan de la raya con determinadas personas. Y así se lo hizo saber a Pilar Rubio el gran jugador de mus -y actor en sus ratos libres- don Alfredo Landa. Un ole por él.



